El caos autonómico acorrala al turismo de la caza

España es uno de los mejores lugares del mundo para cazar. Pero esta actividad, que en otros países es mimada por la fuente de ingresos que supone, no goza aquí del mismo apoyo. No al menos como reclama un sector que mueve al año casi 4.000 millones de euros, y que si la legislación ayudara a profesionalizar, podría poner sobre la mesa un 40 por ciento más.

El turismo cinegético es una mina en Sudáfrica, Namibia y los países del Este, que están aprovechando los complejos de España para atraer a los cazadores -de alto poder adquisitivo- a los que aquí cada vez se les complica más su afición. Pero también es una fuente de ingresos notable en Estados Unidos, en Canadá, en Argentina o en Suecia. Incluso países del centro de Asia, como Kazajistán o Tayikistán, y otros de las grandes cordilleras asiáticas, explica Juan Pascual Herrera, de la Fundación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza y la Caza (Fedenca) «están empezando a olfatear el negocio y a tender reclamos a nuestros cazadores para ofrecerles piezas únicas y con toda una aventura alrededor. Hay cazadores que se están desplazando a países como Irán para cazar jabalíes gigantes».

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